Las aguas del conflicto entre el Gobierno nacional y el personal del Hospital Garrahan parecerán calmadas por la conciliación obligatoria que este miércoles dictó el Ministerio de Capital Humano, pero todo indica que, a fuego lento, es un caldo que volverá a hervir. Mientras fuentes oficiales de Salud reivindican el horizonte del llamado “plan de eficiencia de hospitales”, médicos y residentes del mayor centro de pediatría del país sienten que las autoridades no ven lo evidente: que, por los honorarios bajos, hay áreas vacías o a punto de vaciarse, y que, por ese motivo, la atención a pacientes está en riesgo de desplomarse.
Las conversaciones con referentes de las distintas veredas reflejan un enorme problema de punto de vista. Mientras los profesionales de salud del hospital protestan por sus magros sueldos y comparan sus haberes con los que, por ejemplo, cobrarían en un hospital porteño o en el sector privado, el Gobierno (sea a través de la vocería presidencial, como de las comunicaciones que publica en X la viceministra de Salud, Cecilia Loccisano) observa el todo a nivel macro. Una réplica discursiva de lo que ocurre en el plano nacional cuando se pretende que el déficit fiscal cero funcione de consuelo para el bolsillo doméstico golpeado.