Cuando el árbitro Dahane Beida, de Mauritania, marcó el final del triunfo 2-0 de Argentina ante Ucrania, la mayoría de los futbolistas argentinos se tiraron al piso. No fue la emoción, sino el agotamiento: se vencieron.
El calor de Francia y los partidos seguidos se notan en el desgaste de los cuerpos. Tal vez por eso el equipo que conduce Javier Mascherano se quedó cortó en el marcador y no pudo superar en la tabla a Marruecos, que se impuso 3-0 a Irak en el otro duelo y se clasificó primero por haber ganado el enfrentamiento entre ambos (igualaron en el resto de los apartados: puntos, diferencia de gol y goles a favor).
Así, entonces, habría final anticipada en París: Argentina chocará ante los locales el próximo viernes en Burdeos (a las 16, hora argentina).
Resultó un poco doloroso observar la postal vacía del colosal Groupama Stadium (con capacidad para 59.000 espectadores) teniendo en cuenta que en Argentina juegan ni más ni menos que cuatro campeones del mundo, como Gerónimo Rulli, Nicolás Otamendi, Thiago Almada y Julián Álvarez, la gran figura del torneo. ¿Serán poco futboleros los habitantes de Lyon? Es posible porque los precios de las entradas no era tan altos: había boletos por 15 euros.
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