Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Chascomús (INTECH, CONICET-UNSAM) logró explicar cómo el Tritrichomonas foetus, el parásito que provoca la tricomonosis bovina, consigue sobrevivir en condiciones desfavorables, un descubrimiento que aporta nuevas herramientas para comprender una enfermedad que genera importantes pérdidas en la producción ganadera.
La mayor parte del estudio se desarrolló en los laboratorios del INTECH, en Chascomús. Solo una de las imágenes incluidas en la publicación fue obtenida en Brasil, donde se utilizó un microscopio especializado que no está disponible en el instituto.
La tricomonosis bovina afecta la fertilidad de las vacas y provoca pérdidas embrionarias durante las primeras etapas de la gestación. Como consecuencia, disminuye la cantidad de terneros obtenidos por año, uno de los principales indicadores de productividad ganadera. En una región fuertemente vinculada a esta actividad como Chascomús y buena parte de la provincia de Buenos Aires, comprender el comportamiento de este parásito resulta fundamental para lograr nuevas estrategias de control.
La directora del equipo de investigación, la doctora Verónica Cóceres, explicó que este avance surgió a partir de un descubrimiento realizado anteriormente por el mismo grupo. Hasta ese momento se creía que el contagio ocurría exclusivamente por vía venérea entre toros y vacas durante el servicio. Sin embargo, los investigadores demostraron que el parásito también puede ingresar por vía oral, atravesar el aparato digestivo, ser eliminado con la materia fecal y volver al aparato reproductor de la hembra.
“Esa observación nos llevó a una nueva pregunta: cómo podía sobrevivir el parásito en el ambiente. Descubrimos que, frente a situaciones de estrés, forma estructuras de resistencia, una especie de esferas protegidas que le permiten soportar el frío, el calor, la falta de nutrientes e incluso la acción de diferentes drogas”, explicó Cóceres.
El equipo comprobó que, cuando las condiciones dejan de ser favorables, el microorganismo modifica completamente su estructura. En lugar de conservar su forma habitual, retrae sus flagelos y desarrolla una cubierta protectora que le permite mantenerse viable hasta que el ambiente vuelve a ser propicio.
“Actualmente no existen vacunas ni tratamientos efectivos contra esta parasitosis. Comprender cómo logra resistir abre un panorama completamente nuevo para desarrollar estrategias terapéuticas alternativas”, destacó la investigadora.
Además de su importancia para la producción ganadera, el descubrimiento adquiere una relevancia especial para Chascomús por haberse gestado en el INTECH,
Junto a Verónica Cóceres, el equipo está formado por Natalia de Miguel y Lucrecia Iriarte, oriunda de Chascomús, quien cursó las dos carreras que se dictan en el instituto, realizó allí su formación doctoral y actualmente desarrolla su etapa posdoctoral. “Es un orgullo que varios de los participantes se hayan formado en la institución junto a otros que eligieron radicarse hace más de dos décadas en la ciudad para desarrollar su carrera científica, convirtiéndose en parte de la comunidad local”, destacó Cóceres.
La científica también destacó el valor que representa la publicación en Nature Microbiology, una revista que recibe alrededor de 60.000 artículos por año y publica solo una parte de ellos luego de un exigente proceso de evaluación internacional.
“Publicar en una revista de este nivel es el sueño de cualquier investigador. En el contexto que atraviesa actualmente el sistema científico argentino, este logro adquiere un valor todavía mayor y demuestra que desde Chascomús se genera conocimiento de impacto mundial”, concluyó.
El INTECH Chascomús cuenta con más de 35 grupos de investigación científica en áreas de bioquímica, biología molecular y celular, biotecnología, microbiología y salud.
En su sede se cursan las carreras de Ingeniería en Agrobiotecnología y Tecnicatura Universitaria en Laboratorio y se realizan posgrados.